Guia de Sevilla PASEANDO POR SEVILLA
PASEO A LA JUDERÍA

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Trazado del Recorrido

Plaza de San Francisco, Antigua Audiencia, Chicarreros, Chapineros, Francos, Argote de Molina, Segovias, Abades, Casa de los Pinelo, Abades, Bamberg, Argote de Molina, Iglesia de San Alberto Bamberg, Aire, Madre de Dios, Convento de Madre de Dios, San José, Santa María la BlancaIglesia de Santa Maria la Blanca, Santa María la Blanca, Céspedes, Virgen de la Alegría, Levíes, Plaza de las Mercedarias, Conde de Ibarra, Parroquia de San Nicolas, Muñoz y Pabón, Augusto Plasencia, Parroquia de San Isidoro, Cuesta del Rosario, Plaza de la Pescadería, Plaza del Salvador.

Comenzamos el Recorrido

En siglos pasados, la Plaza de San Francisco fue el centro cívico por excelencia de la ciudad. No en balde, allí se encontraban ubicados los principales poderes civiles, como el Concejo hispalense, sito en el Ayuntamiento, y el Tribunal de Justicia, en la Audiencia. En esta Plaza de San Francisco se celebraron los famosos autos de fe de la Santa Inquisición, las diversas fiestas de toros y cañas y, al igual que hoy, constituía uno de los puntos clave en la "Carrera Oficial" de las Cofradías de Semana Santa en su estación a la Catedral.

Frente a las Casas Consistoriales está situado el edificio de la Antigua Audiencia, en nuestros días sede de la Caja de Ahorros San Fernando. Su portada de corte clasicista, está atribuida por algunos autores a Alonso de Vandelvira entre 1597 y 1606. Tras el vestíbulo, se abre el amplio patio central de doble planta, en cuya galería baja lucen lienzos en los que se representa el Apostolado. Por las calles Chicarreros, Chapineros y Francos, hallaremos numerosos establecimientos comerciales dedicados a la confección, mercería, bisutería, etc., atractivo que suman a su propia belleza constructiva. Desde Francos enlazaremos con la calle Argote de Molina, rotulada así en memoria del ilustre pacta y genealogista sevillano fallecido en 1598.

La calle Segovias conecta Argote de Molina con Abades. Formando ángulo en esta última se encuentra la Casa de los Pinelos, donde tienen su sede las Reales Academias Sevillanas: Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, Buenas Letras y Medicina. Esta bella mansión sevillana de la primera mitad del siglo XVI, cuya fachada se dota con mirador, perteneció a la familia genovesa afincada en Sevilla de los Pinelo. La tradición nos cuenta que en esta casa nació San Juan de Ribera, Arzobispo de Valencia.

Seguiremos por la calle Abades para girar a la izquierda en Bamberg. Aquí se encuentra el renombrado Bar Estrella con un bello interior y nutrido repertorio de tapas. Desde Bamberg, debemos enlazar nuevamente con Argote de Molina. De este modo, desembocaremos ante el Oratorio de San Felipe Neri o Iglesia de San Alberto. Aunque la conclusión de este templo se fecha en 1603, fue muy reformado con posterioridad. En su retablo mayor neoclásico se venera un interesante Crucificado, que es una copia del de los Cálices de Montañés, realizada por Angel Iglesias en 1791. A sus pies se ostenta una hermosa Dolorosa del siglo XVIII.

Al salir de la iglesia, tendremos que retroceder sobre nuestros pasos, para tomar desde Bamberg la calle Aire. En la esquina de ésta con Mármoles se encuentran las tres célebres Columnas romanas, que al parecer pertenecieron a un templo del siglo II d.C. erigido en tiempos de Adriano o de su sucesor Antonino Pío.

Nuestro siguiente objetivo será el cercano Convento de Madre de Dios, al que accederemos tras recorrer las calles Aire, Madre de Dios y San José, en la cual se abre su portada principal. Este cenobio femenino tiene una clara vinculación americanista, al conservarse en los laterales del presbiterio los sepulcros y esculturas yacentes de D.ª Juana de Zúñiga, viuda de Hernán Cortés, y de su hija, D.ª Catalina Cortés. El retablo mayor, perteneciente al pleno Barroco, es una portentosa obra de Francisco de Barahona, realizada entre 1684 y 1690. La escultura de la Virgen del Rosario que lo preside se debe a Jerónimo Hernández estando fechada en 1573.

Tras abandonar este monasterio, tomaremos la calle San José hacia nuestra derecha. A poca distancia, pasaremos junto a la Iglesia del Señor San José, antiguo Convento de mercedarios descalzos. Una portada lateral protobarroca, hoy cegada, muestra en su ático una escultura del citado Patriarca.

La calle San José se prolonga en la de Santa María la Blanca. Aquí se levanta el Palacio de Altamira, antigua residencia de los Duques de Béjar y futura sede de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Los orígenes de este Palacio se remontan al siglo XIV, y su época dorada la vivió en tiempos de Teresa de Zúñiga a comienzos del XVI. Su crujía de fachada responde, sin embargo, a los postulados artísticos del primer tercio del siglo XVII, quedando articulada por pilastras pareadas.

A pocos pasos de aquí se encuentra una de las iglesias más bellas del período Barroco sevillano. Nos referimos a Santa María la Blanca, asentada sobre el solar de una primitiva sinagoga judía. La configuración actual del templo se vincula a la reconstrucción de que fue objeto en 1662. Su planta es de tres naves, divididas por columnas de mármol rojo. Sus bóvedas están recubiertas por abigarradas y turgentes yeserías, cuya ejecución se asigna a los hermanos Borla. Entre los muchos tesoros que se cobijan en su interior, despuntan las pinturas de la Sagrada Cena de Murillo y la Piedad de Luis de Vargas.

Desandando unos metros de nuestro recorrido, nos introduciremos por la calle Céspedes, en pleno corazón del barrio de San Bartolomé que, junto al de Santa Cruz, conformaban la antigua Judería sevillana. En los últimos años, San Bartolomé ha experimentado un complejo proceso de rehabilitación, habiéndose recuperado tan importante sector del centro histórico de Sevilla.

La calle Virgen de la Alegría nos conducirá a la Parroquia de San Batolomé, edificación neoclásica inaugurada en 1806, según el proyecto de José Echamorros. Tiene planta de cruz latina, con cúpula semiesférica sobre tambor octogonal. Del siglo XVI es la Virgen de la Alegría, auténtica patrona del barrio, que se relaciona con las obras del imaginero flamero Roque de Balduque, aunque fue muy restaurada en el siglo XVIII. Gran interés presenta la Capilla Sacramental, cerrada por reja del último tercio del siglo XVI.

No encontraremos en toda la Judería una calle con un nombre hebreo más representativo que la de Levíes. En ella se sitúa la Casa de Don Miguel Mañera, donde nació el más afamado de los Hermanos Mayores de la Santa Caridad. Para muchos, es el ejemplo más brillante de la típica casa de patio sevillana, de dos plantas en altura, con apeadero, patio y jardín.

En la vecina Plaza de las Mercedarias, dos conventos de monjas quedan afrontados el de las Mercedarias de San José y el de las Salesas Reales. El primero sufrió los embates de la Guerra Civil, perdiendo la inmensa mayoría de su patrimonio artístico. Por lo que respecta al segundo, se trata de una construcción contemporánea, debida al arquitecto Aurelio Gómez Millán.

Por la calle Conde de Ibarra llegaremos a la Parroquia de San Nicolás. Es una iglesia del siglo XVIII, consagrada en 1758, cuya planta se divide en cinco naves que se separan por columnas marmóreas. El frontal de plata del altar mayor es una estimable muestra de la orfebrería sevillana de estilo rococó fue labrado por Juan de Garay en 1790-1. De entre la colección escultórica del templo, podemos citar el Nazareno de la Salud, atribuido a Francisco de Ocampo en el primer tercio del siglo XVII, y la efigie de San José, tallada por Francisco Antonio Gijón en 1678.

Muy cerca de la parroquia, en la calle San José número 3, está la Casa de los Condes de Ybarra, palacio del siglo XVIII, que permanece en buen estado de conservación. Cuenta con tres plantas, lo cual le otorga una estimable altura. Otra noble mansión, cuya portada en ladrillo avitolado aparece fechada en 1725, hallaremos en el número 9 de la calle Muñoz y Pavón, por donde nos encaminamos.

A la Parroquia de San Isidoro llegaremos desde la calle Augusto Plasencia. Este templo data de la segunda mitad del siglo XIV, habiéndose restaurarlo recientemente. Muy significativa es su torre-fachada, cuyo elemento vertical fue levantado en 1749 por Jiménez Bonilla. Una de sus obras de arte más sobresalientes es el lienzo del altar mayor que representa el Tránsito de San Isidoro, debido a los pinceles de Juan de Róelas en 1613. Otras pinturas de Lucas Valdés se exponen en la Capilla del Sagrario, por cierto de las más representativas del Barroco sevillano. Igualmente notables son las esculturas del Cristo de la Sangre, de estilo gótico, y de la Virgen de la Salud, imagen del siglo XVI.

Descenderemos por la Cuesta del Rosario hasta la Plaza del Salvador, punto final de nuestro paseo no sin antes reparar en la intermedia Plaza de la Pescadería, donde mucho tiempo atrás se vendía el pescado de la ciudad. Hoy también es punto de concurrencia, por la buena cerveza que se tira en la popular taberna "La Mina".

Síntesis

MonumentoSiglo
Antigua Audiencia XVII-XVII
Casa de los Pinelo XVI
Iglesia de San Alberto XVII
Convento de Madre de Dios XVI
Iglesia de Santa María la Blanca XVII
Parroquia de San Nicolás XVIII
Parroquia de San Isidoro XIV