Guia de Sevilla PASEANDO POR SEVILLA
PASEO POR LA MACARENA Y SUS ALREDEDORES

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Trazado del Recorrido

Basilica de La Macarena, Parrquia de San Gil, San Luis, Santa Marina, San Luis, San Marcos, Plaza de Santa Isabel, Convento de Santa Isabel, Plaza de San Marcos, Bustos Tavera, Convento de Nuestra Señora de La Paz, Plaza de los Terceros, Iglesia de Los Terceros, Sol, Plaza de San Román, Parroquia de San Roman, Enladrillada, Santa Paula, Convento de Santa Paula, Pasaje Mallol, Moravia, Iglesia de San Julian, San Julián, Muñoz León, Arco de la Macarena, Hospital de Las Cinco Llagas, Avenida del Doctor Fedriani, Cementerio de San Fernando, Monasterio de San Jerónimo.

Comenzamos el Recorrido

El corazón del popular barrio de la Macarena lo constituye la Basílica de Nuestra Señora de la Esperanza. Este templo es de factura contemporánea, levantado por el arquitecto Aurelio Gómez Millán en 1949. Aquí se venera la que es por excelencia la Dolorosa de Sevilla, la inefable Macarena, cuya inmensa devoción traspasa las fronteras de la ciudad para alcanzar trascendencia mundial. Aunque se desconoce el nombre de su autor, se relaciona con el quehacer de Luisa Roldán "La Roldana", en la segunda mitad del siglo XVII. Su procesión en la Madrugada del Viernes Santo puede calificarse de apoteósica, estando precedido su paso de palio por el Misterio de la Sentencia, que se acompaña por la aplaudida Centuria de los "Armaos".

Durante muchos siglos, la Hermandad de la Macarena residió en la adyacente Parroquia de San Gil. Es una de las escasas muestras de arquitectura alfonsí que se conservan en Sevilla, habiendo sido fundada en el siglo XIII por el Arzobispo Don Remondo. En el presbiterio se conserva un zócalo de azulejería con temas geométricos, fechable en la época de la construcción del templo. La mayor parte de su patrimonio artístico desapareció en 1936, por lo que se conservan escasas piezas escultóricas y pictóricas de interés. El Simpecado de la Hermandad del Rocío de la Macarena es una suntuosa insignia bordada recientemente por Guillermo Carrasqullla.

Nos adentraremos en la médula del barrio recorriendo la calle San Luis, donde se encuentra un valioso muestrario de la arquitectura religiosa sevillana. En primer lugar, y tras cruzar la Plaza del Pumarejo, la Iglesia de Santa Marina, cuya historia reciente ha estado plagada de vicisitudes, entre incendios y saqueos. Reabierta hace escaso tiempo al culto se trata de una edificación mudéjar del siglo XIV, fecha a la que corresponden sus portadas y torre.

Muy cercana a la anterior se alza la Iglesia de San Luis de los Franceses, antiguo noviciado de los jesuitas, cuya propiedad la detenta actualmente la Diputación Provincial. Parte de las dependencias del noviciado son hoy utilizadas como sede del Centro Andaluz de Teatro (CAT). La iglesia es uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura Barroca sevillana, cuyo diseño se adscribe a Leonardo de Figueroa, quien hubo de tener muy en cuenta otras plantas y alzados italianos contemporáneos. Su interior es de una riqueza sorprendente, desde un punto de vista espacial y ornamental. Las pinturas murales se deben a Lucas Valdés y Domingo Martínez, incorporando arquitecturas fingidas que se funden con la de la propia iglesia. El principal artífice de los retablos y esculturas es Pedro Duque Cornejo y Roldán, desplegando una completa iconografía de la Compañía de Jesús. Especial belleza ostenta la pequeña Capilla Doméstica debida a los mismos autores.

Otro templo de estilo mudéjar es el de San Marcos, en cuya torre se nos evoca la decoración de sebka -red de rombos- de la Giralda. Su planta presenta tres naves y cabecera ochavada. Dignas de mención son dos esculturas barrocas que se sitúan en su interior: la del titular San Marcos, muy cercana a la órbita de Juan de Mesa en el primer tercio del siglo XVII, y el Cristo Yacente que se puede relacionar con producciones de la segunda mitad de la citada centuria. Adosada a esta iglesia se halla la Capilla de los Servitas, presidida por un grupo escultórico de la Piedad, tallado par José Montes de Oca hacia 1730.

En la plazuela trasera a San Marcos se localiza el Convento de Santa Isabel. Su iglesia fue trazada por Alonso de Vandelvira en 1602, presentando la tradicional planta conventual de cajón. El relieve que se sitúa sobre la portada principal, donde se efigie la escena de la Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel, fue labrado por Andrés de Ocampo en 1609. Uno de los retablos más interesantes que se custodian en su interior es el que con diseño de Juan de Oviedo ejecutara Juan Martínez Montañés entre 1610 y 1614; en su hornacina recibe culto el magnífico Crucificado de la Misericordia, gubiado por Juan de Mesa en 1622.

Desde la Plaza de San Marcos habremos de encaminarnos por la calle Bustos Tavera para continuar nuestro recorrido. Aquí podremos adentrarnos en la iglesia del Convento de Santa María del Socorro, de monjas concepcionistas. El edificio puede fecharse en el siglo XVI, siendo posteriormente muy reformado. Bóvedas de nervaduras góticas cubren la capilla mayor, al par que la única nave presenta armadura mudéjar.

En esta misma calle Bustos Tavera podremos visitar otro antiguo convento, el de Nuestra Señora de la Paz, donde en nuestros días reside la Hermandad de la Sagrada Mortaja. La iglesia está precedida de un hermoso compás que conserva el aire monacal de antaño. El impresionante misterio de la Piedad, qué procesiona la tarde del Viernes Santo sevillano, y que durante todo el año se expone en el camarín del retablo mayor, puede asignarse al círculo del célebre escultor Pedro Roldán, hacia 1670.

Llegaremos así a la Plaza de los Terceros, donde podremos hacer un alto en nuestro camino, para entrar en el que se presume es el más antiguo bar de Sevilla: el Rinconcillo, toda una institución del tapeo. Más tarde, tomaremos la calle Sol, así llamada por desembocar en la antigua Puerta del Sol. La Iglesia de los Terceros perteneció a los franciscanos de la Orden Tercera. Su portada, de indudable sabor hispanoamericano, da acceso a un interior del siglo XVII. El crucero se corona con una esbelta cúpula adornada de turgentes yeserías. Francisco Dionisio de Ribas es el autor de su retablo mayor, realizado en 1669, cuyo cuerpo central se compartimento con grandes columnas salomónicas. Del antiguo Convento de los Terceros, reciente Premio Europa Nostra, la pieza que presenta mayor interés es su soberbia escalera, construida por Fray Manuel Ramos en 1697. Este edificio ha sido rehabilitado por EMASESA, habiéndose utilizado transitoriamente como sede del Ayuntamiento hispalense, mientras transcurrió la restauración de su sede natural, en la Plaza de San Francisco.

Por la calle Sol llegaremos a la Plaza de San Román, en la cual se levanta la parroquia homónima. Como tantas otras de la ciudad, pertenece al grupo de templos mudéjares fechables en el siglo XIV, con tres naves separadas por pilares sobre los que apean arcos apuntados. En la Capilla Sacramental se veneran los titulares de la Cofradía de los Gitanos: el Nazareno de la Salud y María Santísima de las Angustias, ambas imágenes esculpidas por José Fernández Andes en 1938 y 1937, respectivamente.

Desde San Román nos dirigiremos por la calle Enladrillada al Convento de Santa Paula, uno de los más bellos cenobios de clausura sevillanos. Traspasada la portada exterior, nos encontraremos en el ajardinado compás donde se abre la puerta de la iglesia, conjunto característico del estilo Isabel, donde se combinan elementos góticos, mudéjares y renacentistas; en su ejecución colaboraron el ceramista Niculoso Pisano y el escultor Pedro Millán. El artesonado que cubre la nave de la iglesia es obra señera del carpintero de lo blanco Diego López de Arenas en 1623. Como en tantos otros conventos de Sevilla, en la nave se disponen dos retablos dedicados a los Santos Juanes, el Evangelista y el Bautista, cuyas imágenes son de Martínez Montañés en 1637-38. La escultura más antigua de la iglesia es la del Cristo del Coral, Crucificado tardogótico del siglo XV. Un importante aliciente del convento lo constituye su Museo, instalado en varias dependencias altas, así como la deliciosa repostería elaborada por estas monjas jerónimas, que goza de merecida fama.

Las calles Pasaje Mallol y Moravia nos conducen a la Parroquia de San Julián, nuevo ejemplo de arquitectura gótico-mudéjar en suelo sevillano. En el presbiterio cuelgan ocho lámparas de plata, con cronologías que oscilan entre los siglos XVI y XVII. La titular del templo es la Virgen de la Hiniesta, Patrona del Ayuntamiento de Sevilla, cuya primitiva escultura gótica se perdió en 1932; la actual es una reproducción de Castillo Lastrucci en 1945. En la nave izquierda recibe culto una bellísima Inmaculada, esculpida por Alonso Cano en 1633-34.

Por la calle San Julián dirigiremos nuestros pasos hacia la Iglesia de San Hermenegildo, del siglo XVII, en cuyo interior subsiste una pequeña capilla donde la tradición asegura que este santo sufrió prisión. A partir de aquí se extienden las Murallas de la Macarena hasta el Arco de este nombre, verdadero símbolo del barrio. Este tramo de las murallas se encuentra jalonado por siete torreones cuadrados y uno octogonal. El origen de esta cerca, a pesar de su pretendida filiación romana, no se remonta más allá de la época almorávid.

Para terminar nuestro paseo por la Macarena, nada mejor que admirar el edificio que desde el pasado 28 de febrero de 1992 se ha convertido en sede del Parlamento de Andalucía: el Hospital de las Cinco Llagas, también conocido como Hospital de la Sangre. Su traza renacentista se debe en gran medida a Martín de Gaínza, quien estuvo al frente de las obras desde 1546 hasta su muerte. Para su diseño se inspiró en el Hospital Mayor de Milán de Filarete, sirviendo a su vez de modelo para otras construcciones hospitalarias del Nuevo Mundo. La iglesia, donde se celebran las sesiones parlamentarias, fue realizada por Hernán Ruiz II en estilo manierista.

Al final de la Avenida del Doctor Fedriani podremos avistar la fachada del Hospital de San Lázaro, fundación medieval que en su día fue leprosería con interesante capilla mudéjar aún conservada, y el Cementerio de San Fernando, situado en este emplazamiento desde 1852. La belleza de muchos de sus monumentos funerarios, como el levantado en honor del famoso diestro Joselito "el Gallo" por el escultor valenciano Mariano Benlliure, disminuyen la carga necrófila del recinto. Por último, en la ya cercana barriada de San Jerónimo, se alza la mole del renacentista Monasterio de San Jerónimo de Benavista, cuya torre y claustro han sido restaurados recientemente.

Síntesis

MonumentoSiglo
Basílica de La Macarena XX
parroquia de San Gil XIII
Iglesia de Santa Marina XIV
Iglesia de San Luis XVIII
Iglesia de San Marcos XIV
Convento de Santa Isabel XVII
Convento de Ntra. Sra. de La Paz XVII
Iglesia de los Terceros XVII
Parroquia de San Roman XIV
Convento de Santa Paula XVI-XVII
Iglesia de San Julián XIV
Hospital de las Cinco Llagas XVI
Cementerio de San Fernando XIX
Monasterio de San Jerónimo XVI